Los Cuentos Infantiles.
Su función en la constitución del sujeto.
Desde un marco teórico psicoanalítico, integrado con aportes de la Lingüística y la Antropología, pienso que es posible entender la función que desempeñan los relatos infantiles en la constitución del sujeto. Me refiero al valor de la palabra, tanto escrita como escuchada, en la formación del psiquismo humano.
Somos seres de palabra, sujetxs del y al lenguaje, que nos constituimos en relación a un Otro, Otro Simbólico.
El universo simbólico de significantes trasciende a lxs sujetxs, que se relacionan entre sí, mediante el intercambio de palabras. La relación intersubjetiva está mediatizada por el mundo de palabras que el Otro significativo transmite. Estas palabras imprimen huellas, marcas, en el/la sujetx quien va organizándose como un ser de lenguaje, con una historia personal.
La escuela forma parte de la vida. En ella, niñxs y adultxs intercambian fundamentalmente palabras cargadas de historias personales y pertenecientes a otrxs. Los relatos leídos y escuchados promueven deseos de conocer, averiguar y testimoniar acerca de cuestiones propias y ajenas que se vinculan con el ser y el tener.
Los cuentos infantiles despliegan un universo donde lxs niñxs pueden relacionar sus experiencias de vida con la de otrxs; permiten al sujeto darle alguna significación a aquello que parece difícil de entender, es decir, permiten al sujeto NOMBRAR.
Propongo pensar el cuento como un espejo donde el sujeto se ve reflejado y despliega un decir referido a su propia historia (su propio cuento personal).
“Allí donde los conductistas invocan la influencia del entorno, comprobamos los efectos de palabras oídas, comprendidas o no, que forman una especie de entorno distinto, inmaterial, dentro de una perspectiva que ya no es la de la Biología. Estoy a la escucha de un vasto discurso: no sólo el que pronuncia el niño y su familia, sino también el que fue pronunciado en el pasado, y lo que se puede saber, o reconstruir, del discurso dentro del cual el niño vivió anteriormente.” (Maud Mannoni. El niño, su “enfermedad” y los otros. Ediciones Nueva Visión. Bs. As., 1976.).
Cuando hablo del espejo, me refiero a un momento constitutivo del sujeto quien, puesto frente a su imagen, reacciona jubilosamente. Esta identificación primaria del niñx con su imagen es algo así como el origen de las demás identificaciones. En un principio, considera esa imagen como si fuera la de otrx. Luego deja de considerar a esa imagen como si fuera un objeto real. Finalmente, reconoce en ese otrx su propia imagen. Se trata de un proceso de identificación, de una conquista progresiva de la identidad del sujeto.
Simultáneamente, se pone al niñx frente a sus pares en edad: lxs agrede o lxs imita, intentando dominarlos (desarrollo progresivo de la pulsión de dominio).
Pega, por ejemplo, y dice que le han pegado. Ve caer a otrx y llora. Esa relación agresiva es homóloga a la del cuerpo frente a la imagen especular. Es dual en tanto se caracteriza por la indistinción, la confusión entre sí mismo y el otrx. Es alienante porque el niñx no tiene ninguna distancia frente a su doble, confundiendo su cuerpo con el del semejante.
Este proceso se sustenta en la relación primordial con la madre. El niñx no desea solamente ser acariciadx, amamantadx, cuidadx por la madre.
Desea ser con su madre un todo, o sea, su complemento. Desea ocupar el lugar de lo que le falta a su madre.
Se vuelve, por así decirlo, deseo del deseo de su madre. Dicha relación tiene características específicas:
dualidad, inmediatez, indistinción, identificación narcisista, alienación, inherentes al Registro Imaginario.
Será necesario, para la configuración subjetiva, franquear la tercera etapa de la situación especular. Esto nos remite al Orden Simbólico, lugar de la Cultura, de la Palabra, de los Decires que constituyen al sujeto.
Pero, quién es el sujeto? Es el ser que alcanza su individualidad propia en una configuración familiar de tres: padre, madre, niñx.
Nos referimos a la cuestión de los lugares diferenciados y las funciones desempeñadas por cada unx de los términos de la Triada. Se trata de funciones no sobredeterminadas por la Biología sino atravesadas por el Género lo cual permite al infans entrar en un universo diferente: el de la palabra, la cultura, la civilización.
Este acceso al lenguaje implica la integración de una materia significante (fonemas: vocales y consonantes) ofrecida por un medio social y cultural. Al llegar al lenguaje, el sujeto está dominado y constituido por el Orden Simbólico.
El sujeto está tejido por la trama del lenguaje.
Recordemos que un texto es una textura, un tejido de signos. Quiero decir que el sujeto se constituye como tal en relación a la red de significantes que lo trascienden. El sujeto se baña en un mar de letras. La letra es la base material que el discurso concreto toma del lenguaje. El sujeto se inscribe ya en el “movimiento universal” del discurso bajo la forma de su “nombre propio”.
El lenguaje es constitutivo de la cultura; distingue las sociedades humanas de las sociedades animales. La condición humana se estructura según la tríada: naturaleza, sociedad y cultura . Esa estructura hablada por un Otro y escuchada por el sujeto se inscribe construyendo el aparato psíquico. Salirse del espacio tiempo materno/paterno permite vivir: nombrar, señalar, marcar, contar…en un espacio-tiempo propio.
En el intercambio de palabras, se va tejiendo una trama, una red de significantes que dejan improntas significativas, es decir, construyendo redes de significados múltiples que le permiten al niño crecer, aprender, develando el misterio, el enigma que significa transitar la vida cotidiana separadx de mamá y papá; de mamá y mamá; de papá y papá.
Pienso el texto como una trama donde cada sujeto, a su vez, desanuda y vuelve a anudar significaciones diversas que le permiten posicionarse, nombrarse, diferenciándose de lxs demás… y, en lo posible, entrar en la vía de ser el protagonista del propio deseo: saber qué y a quién se desea…



